UNIDAD
OBRERO-CAMPESINA VS. EL TLCAN
Por:
Jesús Moreno y Alberto Lee
Millones
de campesinos muertos en la revolución mexicana de principios del siglo XX no
importaron para el régimen priista que durante 70 años se encargaron de borrar
casi toda conquista agraria y que el gobierno foxista ha venido haciendo lo
imposible para borrar al casi y entregarle a sus “socios comerciales” del
norte —sin el menor empacho— toda nuestra riqueza
natural, tal y como está estipulado en el Tratado de Libre Comercio.
Según
datos publicados por Matilde Pérez y Patria Muñoz, entre 1994 y 2001, las
importaciones agrícolas y ganaderas realizadas por México casi duplicaron su
valor al pasar de 2.9 mil millones de dólares a 4.2 mil millones; al mismo
tiempo se dejaron de sembrar 1.6 millones de hectáreas de arroz, fríjol, maíz,
trigo, soya y algodón, y la participación del sector agropecuario en el PIB
nacional pasó del 6.34 al 5.5 por ciento. Es evidente que toda argumentación
gubernamental de que el TLCAN favorece a nuestro campo no es otra cosa que
discursos huecos que intentan ocultar la realidad del campo mexicano. Las
grandes empresas trasnacionales del ramo son las únicas que realmente se
beneficias del TLCAN. Mientras en EU., de conformidad con su ley agrícola, los
subsidios a este sector aumentaron el 70 por ciento, de los ingresos de los
productores estadounidenses, el 40 por ciento corresponde a subsidios
otorgados por su gobierno, en México son ridículas las aportaciones en
apoyo a nuestro campo, baste decir que en el programa de PROCAMPO se “dan”
al campesino 800 pesos por hectárea, para que la haga producir, cuando lo que
en realidad se necesita es maquinaria, abonos y tecnología para que las
cansadas tierras produzcan y realmente dejen una ganancia importante. En nuestro
país 8 de cada 10 personas que viven en el campo son pobres. La realidad es que
desde hace muchos años, la mayoría de nuestros campesinos dejaron de producir
para vender y ahora sólo lo hacen para apenas subsistir y los que llegan a
producir para vender, son víctimas de los buitres de las comercializadoras que
les pagan un 5% del valor real de sus productos, y muchos otros han tenido que
arrendar sus tierra a los latifundistas que, desde luego, les pagan precios de
hambre. La pobreza y extrema pobreza, son la imagen cotidiana que el Tratado de
Libre Comercio no solucionará.
Para
el gobierno foxista en un principio era contraproducente renegociar el TLC y en
la medida que las protestas fueron subiendo de tono, cambió su discurso y ha
admitido que existen posibilidades de renegociación. La realidad es que jurídicamente
es factible la renegociación, pero el gobierno foxista no quiere molestar y
provocar la ira de su protector el imperialismo gringo. Muestra del descontento
contra esta política es que el día 31 de enero se movilizaron más de 60 mil
personas provenientes de distintos puntos de la República en la Ciudad de México.
Junto a los campesinos, se presentaron los trabajadores combativos del Sindicato
Mexicano de Electricistas (SME), además de trabajadores universitarios
afiliados al STUNAM, algunas secciones de telefonistas, además estudiantes y
trabajadores de la Universidad Autónoma de Chapingo.
El
panorama no podía ser mejor: trabajadores y campesinos tomaban las calles más
importantes. La manifestación comenzó antes de lo programado, y para las
cuatro de la tarde la cabeza de la columna llegaba cerca de la Av. Juárez, y la
parte final aún no salía del Ángel de la Independencia. Otras dos columnas
partieron del monumento a la Revolución y se encontraron en la Av. Insurgentes,
sumándose y engrosando las filas de la manifestación anti-foxista. Caballos,
machetes, maquinaria del campo y miles de voces reclamaron la demanda
principal: evitar que el gobierno de Fox continue con su política contra el
campo.
Los que presenciaron y asistimos a la manifestación entendimos que sólo
con la alianza de los trabajadores del campo y la ciudad, con sus demandas, su
organización independiente y su entusiasmo podremos ponerle fin a este modelo
económico injusto que favorece siempre a los grandes empresarios y a las
trasnacionales, al costo de la pobreza, la miseria y el olvido.